El aprendizaje social y emocional empieza a los 2 años..

“Un niño que conoce y sabe gestionar sus emociones no solo tendrá mejores resultados académicos, sino que estará más preparado para el mundo laboral”.

Sería una tontería por mi parte intentar trascribir el contenido de la entrevista que hace Elsa Punset a René Diekstra, alternada con alguna “perla” de Eduardo Punset, por ello este post no os invita a la lectura sino a la escucha.

También os invito a que os planteéis la posibilidad de aplicarlo: qué preguntas debemos hacer a un niño para que aprenda a poner nombre a lo que siente, qué explicación debemos dar a un adolescente para ayudarle a entender nuestras propias emociones: no estoy enfadada, estoy preocupada.

Para animaros solo decir que los beneficios de los programas de aprendizaje social y emocional han sido demostrados en 7 ámbitos relevantes:

  • Desarrollo de habilidades sociales
  • Reducción de comportamientos antisociales
  • Disminución del abuso de drogas
  • Incremento de la autoimagen positiva
  • Aumento del éxito académico
  • Mejor salud mental
  • Aumento de comportamientos pro-sociales

Ánimo, os compensará el tiempo dedicado!!

http://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-aprendizaje-social-20130526-2130-169/1839588/

 

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¿Qué transmite tu cara?

La verdad es que cuando era pequeña me comportaba más como un niño que como un niña, tal vez por ser cuatro hermanas supuse que mi padre echaba de menos un niño así que decidí ser “el hijo” que le faltaba. En esa línea de comportamiento, era la que se subía a los árboles, jugaba a las canicas, no le importaba mancharse ….y vestirme con falda era un auténtico castigo.

Digo esto porque el ser tan “brutita” (en palabras de mi madre) hizo que sufriese continuos accidentes y me abriese la cabeza con bastante frecuencia, siendo mi padre siempre el que se ocupaba de llevarme a las casas de socorro o urgencias, lo recuerdo bien porque luego siempre había un regalo por portarme bien (pobrecita, me habían cosido la cabeza). Con el tiempo y supongo que viendo que mi padre superaba el tener solo hijas e incluso parecía feliz, decidí ser más femenina y llegado el momento, madre.

Cuando mi primer hijo empezó a andar y se caía, como todos, me fijé que lo primero que hacía desde el suelo, antes de llorar era buscarme entre el mar de madres que hubiese y observar mi cara. Tal vez por ser una madre con un pasado lleno de rozaduras y otros percances, hizo que mi actitud fuese asumirlo como una consecuencia normal del juego: si corre se puede caer, si se cae se puede hacer daño y si se hace año se le cura. Yo no me asustaba con sus caídas, lo veía normal y por ello mi primera reacción no era de alarma, sino de “valoración de daños”. Debo confesar que no siempre me acercaba y que desde la distancia podía decir, “no es nada, venga arriba”.

Observando me di cuenta de que mi hijo no tenía la exclusiva de esa reacción ya que por mi cara pasaban muchas veces miradas de niños que en situación de peligro ni me veían porque yo no era la madre que buscaban. Toooodos los niños cuando se caen o se ven en una situación así buscan a “su” adulto y miden por la expresión de la cara de ese adulto las consecuencias de su percance, incluso hay algunos que lloran no por el dolor que sienten, sino por el susto que se llevan al ver la cara de pánico que se encuentran como resultado de su búsqueda.

Con esto no quiero decir que si un niño se cae y se hace daño no llore si ve en la cara de un adulto total tranquilidad, en absoluto, si se ha hecho daño llorará y probablemente ese llanto será proporcional al dolor que siente. Lo que digo es que somos su referencia, y que su reacción será totalmente distinta si encuentran una expresión de “pánico” a si encuentran una expresión que les transmita tranquilidad.

Como ya tengo hijos “añosos” puedo decir que esto no pasa solo cuando son pequeños y se caen, pasa a lo largo de  su infancia, adolescencia, juventud, en progresión descendiente claro, pero siempre buscarán nuestra cara ante cualquier situación de incertidumbre, disgusto, alteración del equilibrio en el que vivimos. Seguimos buscando esa cara que nos de la seguridad que necesitamos.

P.D. Ya con muchos años, sufrí un accidente y la verdad es que aunque dolorida me encontraba más o menos bien y tranquila hasta que llegó mi pobre madre (digo pobre madre por lo que sufre) y al verme puso tal cara de alarma, que pensé que me había mentido todo el equipo médico y que realmente estaba en las últimas….¿entendéis ahora por qué era mi padre al que yo recurría?