¿Frustración en la infancia?

Os invitamos a ver este vídeo de Dove, en él vemos a una niña y la sucesión de “impactos” que recibe como referentes estéticos. Su objetivo es evidenciar la necesidad de actuar para proteger a la infancia de este “ataque” masivo, una invitación a que las madres hablen con sus hijas de lo que ven y escuchan en los medios, de lo que hay de verdad en la estética del éxito y del significado de la belleza.

El recorrido que hace el vídeo por la publicidad y otros ámbitos lo hicimos nosotros hace tiempo alarmados por un titular: “La frustración en las niñas cada vez empieza a edades más tempranas”. ¿Qué había cambiado respecto a generaciones anteriores para que se adelante la edad de cuestionarse si nos gustamos o no?

Pero para responder a esta pregunta además de los medios que muestra el vídeo había que tener en cuenta dos ámbitos fundamentales en la infancia: la ficción y el juego. Ahora las niñas juegan con MUÑECAS que apenas se diferencian de los referentes de belleza adultos, hablamos de las “muñecas modelo” y se caracterizan por tener pecho, ir pintadas, lucir piernas de infarto y cintura imposible entre otras cosas; y sueñan con ser princesas de película que en nada se parecen a las ilustraciones de antes, ahora también son altas, delgadas, y con una melena que va en contra de la ley de la gravedad.

Como podéis ver no hay escapatoria, y está más que justificado el titular, no solo lo que ven, también con lo que juegan muestra como real un estándar de belleza inalcanzable. La duda que nos surge es ¿se lo estamos explicando?

Por favor, como dice el vídeo, si tenéis niñas o niños, no nos extrañaría que comenzase a reflejarse también en ellos, no perdáis la oportunidad de hablar con ell@s, explicarles la diferencia entre realidad y ficción, y de paso contarles todo lo que veis de hermoso en ell@s.

Nosotros a partir de ese titular decidimos hacer una muñeca como Belhy, una muñeca que no supusiese un referente estética, una muñeca niña.

No como, me alimento

Todavía de estreno en este siglo y ya se sabe que los trastornos de la conducta alimentaria tanto por defecto como por exceso constituirán en el sXXI un problema de salud pública de forma creciente en sí mismo y como causa de otras patologías, también por la complejidad de su tratamiento y porque, se está presentado de forma evidente en edades más tempranas.

También se sabe y hay estudios que lo respaldan que, parte de las patologías que surgen de los trastornos de la conducta alimentaria vienen de la relación directa que hacemos de la comida con nuestro aspecto físico y de la importancia y repercusión que damos a éste en nuestro éxito personal y profesional, pero, ¿cómo es que esta relación se está dando progresivamente en edades cada vez más tempranas?

Más claro ¿Por qué se ha adelantado la edad en la que la preocupación por el aspecto físico condiciona el comportamiento alimenticio? ¿Qué ha cambiado en el entorno de los más que jóvenes (casi niños)? Lo primero que se nos viene a la cabeza es la accesibilidad a los medios de comunicación. Es un hecho que, a través de toda la oferta de dispositivos, los niños observan y nos atrevemos a decir que interiorizan de forma inconsciente cómo actrices, modelos, presentadores, en una palabra, las “celebrities” muestran como patrón, una estética delgada, joven, siempre perfecta.

Pero ¿es ese el único referente? No debemos olvidar que hablamos de unas edades en que son “todavía” niños y que los niños además de estar expuestos a los medios, nos tienen como referente a nosotros los adultos más próximos. ¿Qué mensaje les estamos dando como adultos cuando vemos con ellos esas imágenes? e incluso ¿Que mensaje están recibiendo de la valoración que hacemos de nuestro propio aspecto físico y de la relación que este tiene con nuestra alimentación?

Quién no ha dicho alguna vez algo parecido a: “esa está estupenda, no debe comer nada o, este fin de semana he comido una barbaridad, me he debido poner 2 kilos o, tengo que dejar de comer, tengo que adelgazar, comer, engordar, adelgazar, …hablamos de comida y de su relación con nuestro aspecto físico continuamente, casi más que del tiempo.

El problema no puede ser hablar de comer, y la solución dejar de hacerlo, ni muchísimo menos, el problema o parte de él para “pensandoenbelhy” está en cómo hablamos, en la utilización que hacemos del lenguaje para expresar nuestra relación con la comida y de cómo expresamos el efecto que tiene la acción de comer con nuestro aspecto físico.

Proponemos buscar los significados correctos y a partir de estos valorar si su aplicación en el lenguaje de nuestro día a día es el adecuado:

  • Alimento: Cualquiera de las sustancias que los seres vivos toman o reciben para su nutrición
  • Comida: Alimento que se toma. Acción de comer: Masticar y desmenuzar el alimento en la boca y pasarlo al estómago.

Es evidente que si aplicásemos estos significados, nuestra forma de expresarnos debería cambiar ya que generalmente decimos comer cuando deberíamos decir alimentar. Según estos significados, podemos comer mucho y alimentarnos bien o mal, y podemos comer poco y alimentarnos bien o mal, no dependiendo que engordemos o adelgacemos de la cantidad que comamos sino de los alimentos que comamos. También podemos comer mucho y tener carencias nutricionales. Parece un trabalenguas pero voy a intentar decirlo mas claro con un ejemplo. Yo puedo comer mucho y alimentarme de forma equilibrada, y por lo tanto no tener sobrepeso. Yo puedo comer poco si hablo de cantidad y alimentarme mal de tal forma que podría llegar a tener sobrepeso. Estar bien alimentada dependerá de la selección y combinación de alimentos que ingiera o coma, pero eso ya es tema de otro post. Comer bien es masticar bien, que esté bueno, sentirme satisfecho con la comida e incluso decimos que uno come bien cuando no come con las manos, pero “eso” no significa alimentarse bien.

Debemos ser conscientes de que nuestros hijos (aunque no lo parezca) no se pierden ni una palabra de lo que decimos y de que por ello, la información que les trasmitimos es vital para sentar las bases de la  relación que establezcan con la comida desde ahora, hasta su edad adulta.  El mensaje es sencillo: es la “calidad” de nuestra alimentación y no tanto la cantidad de comida, lo que repercutirá en nuestro aspecto físico.

Desde aquí, muy humildemente, os invitamos a que os escuchéis y hagáis una reflexión sobre cómo estáis comunicando a los más pequeños vuestra relación con la comida y sobre todo lo que transmitís de su repercusión en vuestro aspecto físico. Tal vez el mensaje que debemos transmitir esté en el valor de estar sano antes que “guapo”.