“Recuerdo el momento en que yo también me sentí fea”

Lupita Nyong’o se llama así porque nació en Méjico aunque su origen es Keniata. Cursó estudios teatrales en EEUU graduándose en Yale. Fue elegida para participar en la película 12 Años de Esclavitud por cuyo papel ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto. Este año ha sido seleccionada como uno de los rostros de la campaña de verano de Miu Miu al lado de actrices como Elizabeth Olsen, Elle Fanning y Bella Heathcote y el 23 de abril también de este año la revista People la ha elegido como la mujer más linda del mundo.

Después de leer esta biografía os pido que escuchéis y admiréis a Lupita, no solo por sus premios o belleza, sino por su generosidad al compartir sus sentimientos de niña que no se veía hermosa y que deseaba levantarse por las mañanas con otro color de piel.

Conocedora de la trascendencia que puede tener para niñas y adolescentes su imagen como mujer negra triunfadora, nos parece de una sensibilidad y valentía enorme el que quiera “utilizar” a los medios para divulgar su experiencia a otras niñas que como ella sufren por no sentirse hermosas.
Lupita contó con una madre maravillosa que según nos transmite nunca se cansó de decirle dónde está el verdadero significado de la belleza. En un ejercicio de conmovedora sinceridad confiesa que “no quería entender” las palabras de su madre cuando le decía que la belleza no alimenta. Solo con el tiempo comprendió el mensaje que guardaban esas palabras “lo que es verdaderamente hermoso es la compasión contigo y con los que te rodean, eso es lo que alimenta el corazón”. 
Hemos dicho que este video es un ejemplo, y aunque es difícil que haga cambiar de opinión a una niña como Lupita, y que por arte de magia vea hermoso lo que considera feo en su cuerpo, si creemos que puede formar parte de ese proceso transformador que necesita tiempo, y además puede suponer una inyección de motivación a madres que creen que no son escuchadas. ¡No desistáis! Seguir el ejemplo de la madre de Lupita y no dejéis de transmitirles a vuestras hijas donde ver su belleza.
(ahhhhh, y por supuesto que Lupita en una #niñabelhy por su generosidad y sensibilidad al compartir su experiencia de niña)
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BELHY EN EL COLE

Teniendo en cuenta la importancia del juego en el desarrollo de los niños, me atrevo a destacar, de entre ellos, el “Juego simbólico” como  válvula de escape para liberar tensiones, manifestar sentimientos y expresar emociones, ya que éste le ayuda a comprender como funciona el mundo que le rodea. El niño, a través del juego simbólico, aprende a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Con el juego imitativo los niños reflejan el mundo de los adultos: juegan a ser papá y mamá, ser médicos, maestros, carpinteros, bomberos etc.

Con el juego, el niño, irá desarrollando su imaginación y su creatividad, enriqueciéndose a la vez que se divierte, se distrae, pasa el tiempo y aprende.

Belhy dibujo niña¿Quién no recuerda aquellos momentos de su infancia cuando ve a un niño jugar? Usábamos lo que teníamos a nuestro alcance para divertirnos: los botes vacíos de conservas para hacer zancos, los huesos de los albaricoques para hacer silbatos, un cachito de azulejo, chapas, etc. Incluso envolvíamos un trozo de trapo que servía de muñeca. Pero la capacidad de crear estaba siempre presente por la escasez de juguetes que teníamos.

En el recuerdo, todos nuestros sentidos entran en juego, ocupando cada uno de ellos, un sitio importante e irrelevante en nuestra memoria: las imágenes, los sonidos, el olor, la textura de lo que manipulamos,  de todo aquello que tenemos entre nuestras manos….Por eso, Belhy consigue llevarme a esos tiernos años de mi infancia y fue el motivo principal que me llevó a presentarla a mi grupo de alumnos.

Quería que la conociesen, que tuviesen la oportunidad de manipular una muñeca de trapo como las de antes. Quería saber lo que inspiraba Belhy en esos corazones de siete y ocho años. Qué emociones y sentimientos ponían en marcha, al no ser un material escolar como el que acostumbramos a tener en el cole. Mi sorpresa fue grande al ver que despertaba en la mayoría el deseo e interés por llevarla a su casa y traerla al día siguiente, adornada con un nuevo accesorio que ellos mismos fabricaban: unos guantes, un collar, unos zapatos, una bufanda, una diadema…etc. Tuvimos que establecer turnos para que cada día se la pudiese llevar un niño distinto, así evitábamos pequeñas disputas por llevársela todos a la vez. Me conmovía  ver como esos niños que lo tienen todo, que no les falta de nada, que les rodea un exceso de juguetes, estaban emocionados por llevar y traer a Belhy en su mochila.

Me gustó ese nuevo proyecto que sin querer había iniciado y estaba llevando a cabo con la colaboración de todos ellos. Comenzaron a expresar todo lo que sentían cuando tenían a Belhy con ellos, manifestaron que les gustaba porque cuando estaban enfadados Belhy los “desenfadaba”, cuando estaban tristes les alegraba el corazón, cuando estaban solos les hacía compañía, la podían compartir, prestar…. Establecían relaciones de afecto y seguridad con la muñeca, declarando en todo momento que lo más importante es que era blandita, tierna, cariñosa y que no se rompía. En definitiva “seguridad”, porque los niños necesitan seguridad y  afecto, no prototipos perfectos e inalcanzables.

¡Gracias Belhy! Porque contigo aprendieron los niños a compartir, a saber esperar, a cuidar, a crear, y los más importante a participar conservando algo que es de todos.

Esta es la experiencia que ha querido compartir con nosotros Felisa García Camacho, una profesora de esas que nos gustaría que acompañase a nuestros hijos hasta la universidad por su motivación e involucración. ¡Gracias Felisa!