Un granito de arena a la autoestima..

No se a vosotras pero a mi, y se que no soy la única, me ha costado años mirarme con buenos ojos, gustarme tal y como soy (maravilloso Mr. Darcy), darme cuenta de que a la primera que tenía que gustar era a mí y a nadie más. Y que cuando eso pasa dejas de moverte en el terreno de la inseguridad que produce la comparación constante con los demás y entras en un espacio diferente, el tuyo, el de tu aceptación.

Los adultos muchas veces, sin querer, damos mensajes estéticos dañinos, tóxicos: “pobrecita tiene que llevar gafas, se te ha llenado la cara de pecas, es más gordita que…, tienes un pelo imposible, fulanita es guapísima”,……¿os suena?

Puede ser inevitable y por supuesto que dichas afirmaciones no se hacen con la intención de hacer daño, pero en la sensibilidad de una niña es difícil medir los efectos que causan, unas no se sentirán en absoluto afectadas, pero otras si.

Para quien esté de acuerdo recomiendo, solo por si acaso, decir de vez en cuando cosas que elogien, que mimen su autoestima, que les haga ver que hay otras formas de mirar: “hoy tienes una cara especialmente bonita, me encantan tus pecas, esa sonrisa es preciosa cómo la consigues, etc.”

¿Te gustaría ser de esas personas que ayudan a otras a sentirse bien, a verse de otra manera? de esas personas lindas, lindas, lindas, como dice el vídeo.

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BELHY EN EL COLE

Teniendo en cuenta la importancia del juego en el desarrollo de los niños, me atrevo a destacar, de entre ellos, el “Juego simbólico” como  válvula de escape para liberar tensiones, manifestar sentimientos y expresar emociones, ya que éste le ayuda a comprender como funciona el mundo que le rodea. El niño, a través del juego simbólico, aprende a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Con el juego imitativo los niños reflejan el mundo de los adultos: juegan a ser papá y mamá, ser médicos, maestros, carpinteros, bomberos etc.

Con el juego, el niño, irá desarrollando su imaginación y su creatividad, enriqueciéndose a la vez que se divierte, se distrae, pasa el tiempo y aprende.

Belhy dibujo niña¿Quién no recuerda aquellos momentos de su infancia cuando ve a un niño jugar? Usábamos lo que teníamos a nuestro alcance para divertirnos: los botes vacíos de conservas para hacer zancos, los huesos de los albaricoques para hacer silbatos, un cachito de azulejo, chapas, etc. Incluso envolvíamos un trozo de trapo que servía de muñeca. Pero la capacidad de crear estaba siempre presente por la escasez de juguetes que teníamos.

En el recuerdo, todos nuestros sentidos entran en juego, ocupando cada uno de ellos, un sitio importante e irrelevante en nuestra memoria: las imágenes, los sonidos, el olor, la textura de lo que manipulamos,  de todo aquello que tenemos entre nuestras manos….Por eso, Belhy consigue llevarme a esos tiernos años de mi infancia y fue el motivo principal que me llevó a presentarla a mi grupo de alumnos.

Quería que la conociesen, que tuviesen la oportunidad de manipular una muñeca de trapo como las de antes. Quería saber lo que inspiraba Belhy en esos corazones de siete y ocho años. Qué emociones y sentimientos ponían en marcha, al no ser un material escolar como el que acostumbramos a tener en el cole. Mi sorpresa fue grande al ver que despertaba en la mayoría el deseo e interés por llevarla a su casa y traerla al día siguiente, adornada con un nuevo accesorio que ellos mismos fabricaban: unos guantes, un collar, unos zapatos, una bufanda, una diadema…etc. Tuvimos que establecer turnos para que cada día se la pudiese llevar un niño distinto, así evitábamos pequeñas disputas por llevársela todos a la vez. Me conmovía  ver como esos niños que lo tienen todo, que no les falta de nada, que les rodea un exceso de juguetes, estaban emocionados por llevar y traer a Belhy en su mochila.

Me gustó ese nuevo proyecto que sin querer había iniciado y estaba llevando a cabo con la colaboración de todos ellos. Comenzaron a expresar todo lo que sentían cuando tenían a Belhy con ellos, manifestaron que les gustaba porque cuando estaban enfadados Belhy los “desenfadaba”, cuando estaban tristes les alegraba el corazón, cuando estaban solos les hacía compañía, la podían compartir, prestar…. Establecían relaciones de afecto y seguridad con la muñeca, declarando en todo momento que lo más importante es que era blandita, tierna, cariñosa y que no se rompía. En definitiva “seguridad”, porque los niños necesitan seguridad y  afecto, no prototipos perfectos e inalcanzables.

¡Gracias Belhy! Porque contigo aprendieron los niños a compartir, a saber esperar, a cuidar, a crear, y los más importante a participar conservando algo que es de todos.

Esta es la experiencia que ha querido compartir con nosotros Felisa García Camacho, una profesora de esas que nos gustaría que acompañase a nuestros hijos hasta la universidad por su motivación e involucración. ¡Gracias Felisa!

Imaginación para que coman verdura

De acuerdo con la imagen del PLATO SALUDABLE está claro de que en nuestras comidas y cenas deben tener un papel protagonista los vegetales,

Verduraspero a la hora de aplicarlo a los niños la teoría es una cosa y la práctica otra muy distinta.

Aquí os ofrecemos algunas ideas creativas con la esperanza de os ayuden en vuestra titánica lucha por proporcionar una alimentación saludable a vuestros hijos (todo incluido) niños y adolescentes.

1. Tengo hambre…

Si tienen hambre comerán según la doctora Ann Kulze. Ella aconseja servirles antes de la cena un aperitivo compuesto por zanahorias, pepino o lo que se os ocurra, a modo de entretenimiento. Importante, llámalo aperitivo, mola más.

2. Sabe a…

Tienen que probarlo, no pueden saber si les gusta o no. Se nos ocurre organizar una “cata”, incluso ciega, puede ser muy divertida, y les ayudará a definir los sabores. ¿qué no te gusta de este sabor? Un día la cata puede ser con las verduras crudas, otro guisadas, con cebolla, sin cebolla, ….prueba hasta dar con lo que les gusta. ¿Os acordáis de la peli “Novia a la fuga” y su cata de las distintas formas de preparar un huevo? pues algo parecido. El premio es salud.

3. Un poco de imaginación..

¿Por qué no ser una familia original?, de esas tan especiales que no comen brocoli y sí “arbolitos verdes” ¿Quieren ser modernos? Que hay más eco que tomar zanahoria para tener buen color o espinacas para tener energía.

4. Vamos a cocinar..

Monta un Master Chef en casa….Involucra a los pequeños en la preparación de los platos. Oler los tomates, ver sus semillas, la frescura del pepino si te lo pones en la frente, contar las capas de la cebolla, el cambio de color que se produce cuando se guisan…

5. Hoy vamos al mercado..

Un puesto de verduras es mucho más atractivo que uno de carne ¿o no? El colorido, la variedad, el tacto. Qué puede haber más exótico que una sandia. Involúcrales para que elijan el tipo de lechuga que más les pueda apetecer, entre tanta variedad algo tiene que haber que les entre por los ojos..

6. Ojos que no ven..

Hay quien piensa que se pueden ocultar, salsa de tomate natural, puré de verduras, pasta con tomate y calabacín, pastel de verduras con tomate frito….poco original pero vale.

7. Con dos deditos..

Así como cogen los snaks con dos deditos podemos facilitar que tengan a su disposición las verduras y la fruta en la nevera. Palitos de zanahoria, pimientos o rodajitas frescas de pepino,…

8. ¿De donde salen?

Del supermercado no ¿Qué tal una visita a un huerto con una cesta para recolectar lo que luego nos vamos a comer?

9. También se puede razonar….¿y por qué tengo que tomar verdura?

Antes de contestar “Porque yo lo digo” documéntate y explícales el aporte nutricional de las verduras y la importancia que tienen en su desarrollo.

10. ¿Chantaje?

Sería la última opción pero en este caso el fin justifica los medios. “No hay hambre para verdura no pude haberla para la pasta” o “no hay verdura no hay helado”. Ufff, como me estoy pareciendo a mi madre…

A mi no me creó ningún trauma, el tomarla por obligación y repartirla por el plato para que pareciese que había comido algo, no ha impedido que ahora me encante.

¿Qué transmite tu cara?

La verdad es que cuando era pequeña me comportaba más como un niño que como un niña, tal vez por ser cuatro hermanas supuse que mi padre echaba de menos un niño así que decidí ser “el hijo” que le faltaba. En esa línea de comportamiento, era la que se subía a los árboles, jugaba a las canicas, no le importaba mancharse ….y vestirme con falda era un auténtico castigo.

Digo esto porque el ser tan “brutita” (en palabras de mi madre) hizo que sufriese continuos accidentes y me abriese la cabeza con bastante frecuencia, siendo mi padre siempre el que se ocupaba de llevarme a las casas de socorro o urgencias, lo recuerdo bien porque luego siempre había un regalo por portarme bien (pobrecita, me habían cosido la cabeza). Con el tiempo y supongo que viendo que mi padre superaba el tener solo hijas e incluso parecía feliz, decidí ser más femenina y llegado el momento, madre.

Cuando mi primer hijo empezó a andar y se caía, como todos, me fijé que lo primero que hacía desde el suelo, antes de llorar era buscarme entre el mar de madres que hubiese y observar mi cara. Tal vez por ser una madre con un pasado lleno de rozaduras y otros percances, hizo que mi actitud fuese asumirlo como una consecuencia normal del juego: si corre se puede caer, si se cae se puede hacer daño y si se hace año se le cura. Yo no me asustaba con sus caídas, lo veía normal y por ello mi primera reacción no era de alarma, sino de “valoración de daños”. Debo confesar que no siempre me acercaba y que desde la distancia podía decir, “no es nada, venga arriba”.

Observando me di cuenta de que mi hijo no tenía la exclusiva de esa reacción ya que por mi cara pasaban muchas veces miradas de niños que en situación de peligro ni me veían porque yo no era la madre que buscaban. Toooodos los niños cuando se caen o se ven en una situación así buscan a “su” adulto y miden por la expresión de la cara de ese adulto las consecuencias de su percance, incluso hay algunos que lloran no por el dolor que sienten, sino por el susto que se llevan al ver la cara de pánico que se encuentran como resultado de su búsqueda.

Con esto no quiero decir que si un niño se cae y se hace daño no llore si ve en la cara de un adulto total tranquilidad, en absoluto, si se ha hecho daño llorará y probablemente ese llanto será proporcional al dolor que siente. Lo que digo es que somos su referencia, y que su reacción será totalmente distinta si encuentran una expresión de “pánico” a si encuentran una expresión que les transmita tranquilidad.

Como ya tengo hijos “añosos” puedo decir que esto no pasa solo cuando son pequeños y se caen, pasa a lo largo de  su infancia, adolescencia, juventud, en progresión descendiente claro, pero siempre buscarán nuestra cara ante cualquier situación de incertidumbre, disgusto, alteración del equilibrio en el que vivimos. Seguimos buscando esa cara que nos de la seguridad que necesitamos.

P.D. Ya con muchos años, sufrí un accidente y la verdad es que aunque dolorida me encontraba más o menos bien y tranquila hasta que llegó mi pobre madre (digo pobre madre por lo que sufre) y al verme puso tal cara de alarma, que pensé que me había mentido todo el equipo médico y que realmente estaba en las últimas….¿entendéis ahora por qué era mi padre al que yo recurría?